|
Cristianos al día Todo cristiano en la actualidad
|
| Ver tema anterior :: Ver siguiente tema |
| Autor |
Mensaje |
Rodas Colaborador
Registrado: 11 May 2008 Mensajes: 70
|
Publicado: Mie May 28, 2008 5:37 pm Título del mensaje: Matrimonioo sSagrado |
|
|
Del Libro Matrimonio sagrado por: GARY THOMAS
¿QUÉ TAL SI DIOS DISEÑÓ EL MATRIMONIO MÁS PARA HACERNOS
SANTOS QUE PARA HACERNOS
FELICES?
Capítulo 1: El Desafío Más Grande del Mundo: Un llamado a la santidad
más que a la felicidad
Vamos a disecar varios matrimonios para ver lo que realmente está pasando adentro, y luego explorar cómo podemos lograr entendimiento y crecimiento
espiritual de los desafíos que contienen. No buscamos respuestas sencillas—tres pasos a una comunicación mejor, por ejemplo—porque esto no es un libro que te diga cómo tener un matrimonio más feliz. Es un libro que investiga cómo podemos usar los desafíos, los gozos, las luchas, y las celebraciones del matrimonio para acercarse a Dios y crecer en carácter Cristiano.
Un gran escritor Cristiano, Francis de Sales, escribió en el siglo 17 que:
el matrimonio puede ser el ministerio más difícil que jamás se pudiera
desempeñar. “El estado del matrimonio requiere más virtud y constancia que cualquier otro…Es un ejercicio perpetuo de mortificación.”
Para recibir beneficio espiritual del matrimonio, debemos ser honestos. Tenemos que ver nuestras propias decepciones, admitir nuestras actitudes feas, y enfrentar nuestro egoísmo. También tenemos que despojarnos de la idea de que podemos superar las dificultades en el matrimonio si simplemente oramos más o aprendemos unos principios sencillos. Tales “pasos sencillos” funcionan solo superficialmente, porque hay un asunto más profundo que tiene que ser examinado: ¿Qué tal si Dios no diseñó el matrimonio para que fuera “más fácil”? ¿Qué tal si Dios tenía en mente otra finalidad más allá de
nuestra felicidad, nuestra comodidad, y nuestro deseo de estar infatuados y contentos como si el mundo fuera un lugar perfecto? Y ¿Si Dios diseñó el
matrimonio para hacernos santos más que para hacernos felices?
La Trampa del Romanticismo
Si este punto de vista suena radical, es importante recordar que el concepto del “amor romántico” que es tan celebrado en los medios populares, era casi
desconocido en la antigüedad. Hubo excepciones, pero el concepto de que el matrimonio debe involucrar la pasión y emoción y realización personal se desarrolló relativamente reciente en la historia humana, llegando a ser popular alrededor del fin del siglo. Esto no es para decir que el romance en sí está mal o que el deseo por más romance es necesariamente malo; los buenos matrimonios trabajan fuerte para preservar un sentido de romance. Pero la idea de que un matrimonio puede sobrevivir con solo romance, o que los sentimientos románticos son más importantes que cualquier otro factor en cuanto a escoger a una pareja, ha hecho naufragar muchos barcos matrimoniales.
En su ensayo acerca del matrimonio, Catherine Anne Porter explora los altibajos del matrimonio, y hace las siguientes observaciones acerca del la
joven recién casada:
Está desmayada, horrorizada y llena de culpabilidad porque se está dando cuenta de que ella es capaz de odiar a su esposo, a quien ama fielmente. Lo puede odiar tan feroz y misteriosamente como odiaba a sus padres, a quienes ama, cuando era niña…
Creía que había superado esto, pero aquí está otra vez, un elemento de su propia naturaleza que no puede controlar, o teme que no puede. Tendría que esconder esto de su esposo…Quiere mantener su amor.
Más que todo, quiere que él esté absolutamente confiado que ella le ama, porque esto es la verdad, no importa que tan irrazonable suena, a pesar de que sus propios sentimientos los traicionan a ambos a veces.
Con solo una perspectiva romántica del matrimonio, advierte Porter, una joven puede perder su calma. “Teme que su matrimonio fracase porque…a veces siente una hostilidad dolorosa hacia su esposo, y no puede admitir la realidad de esto porque sería una admisión que dañaría en sus propios ojos su idea de lo que debe ser el amor romántico.”
3 Katherine Anne Porter, “The Necessary Enemy,” The Collected
Essays and Occasional Writings of Katherine Anne Porter (New
York: Delacorte, 1970), 182-84.
El amor romántico no tiene nada de elasticidad.
Jamás puede ser estirado; simplemente se rompe.
El amor maduro, el tipo exigido por buen matrimonio, tiene que estirarse, dado que en la condición humana todos llevamos emociones contradictorias.
“Su odio es tan real que su amor,” explica Porter. Esta es la realidad del corazón humano, es inevitable cuando dos personas pecaminosas se
comprometen a vivir juntos, con todos sus defectos, por el resto de la vida.
El matrimonio nos recuerda de la realidad diaria de vivir como seres humanos pecaminosos en un mundo radicalmente quebrantado. Queremos amar pero frecuentemente terminamos por odiar.
Una perspectiva madura y sensible espiritualmente tiene que ser construida sobre el fundamento del amor maduro en lugar del romanticismo. Pero de
inmediato esto nos pone en contra de la cultura.
En su obra clásica The Screwtape Letters, C.S.
Lewis satíricamente ridiculiza la obsesión con el romanticismo de nuestra cultura. El demonio Screwtape jacta así:
“Los humanos que no tienen el don de la abstinencia pueden ser desviados de
buscar el matrimonio como la solución porque no se encuentran ‘enamorados’ y, gracias a nosotros, la idea de casarse con cualquier otro motivo les parece
baja y cínica.”
Nosotros casados nos damos cuenta que después de algún tiempo la relación matrimonial se siente sin chispa. Las parejas responden en diferentes
maneras. Muchos romperán su relación e intentarán recrear el romance apasionado con otro. Otras se irán por abajo en un especie de guerrilla
matrimonial, una lucha pasiva-agresiva en la cual cada uno echa la culpa al otro por su insatisfacción o la falta de emoción. Algunas parejas deciden
meramente cohabitar. Aun otros quizá optan a buscar un significado más profundo, una verdad espiritual escondida en la situación de intimidad
forzada. Podemos huir de los desafíos del matrimonio o podemos admitir que cada matrimonio nos presenta estos desafíos, y enfrentarlos directamente. Si
encontramos que las mismas dificultades desafían cada matrimonio, podemos deducir que Dios diseñó un propósito en este desafío que trasciende algo tan
ilusorio como la felicidad.
Este libro busca aquello propósito y significado--
¿Cómo podemos descubrir en los desafíos del matrimonio las oportunidades para aprender más acerca de Dios, crecer en nuestro entendimiento de
él, y aprender a amarle mejor?
---------- 0 --------
Buscando el amor en todos los lugares equivocados
Creo que mucho de la insatisfacción que experimentamos en el matrimonio proviene de esperar demasiado de ello. Pedimos demasiado del matrimonio. Queremos obtener la porción más grande de nuestro sentido de cumplimiento en la vida de nuestra relación con nuestro cónyuge. Esto es pedir demasiado. Es verdad que debe haber momentos de felicidad, significado, y un sentido
general de cumplimiento. Pero mi esposa no puede ser Dios. Y yo fui creado con un espíritu que anhela a Dios. Entonces este libro apunta más allá del
matrimonio. El crecimiento espiritual es el tema principal; el matrimonio es meramente el contexto.
Capítulo 2: Encontrando a Dios en el Matrimonio
Las analogías con el matrimonio nos enseñan verdades acerca de Dios
Un hilo largo atraviesa todas las escrituras, comparando la relación de Dios y Su pueblo con la relación humana del matrimonio. Estas analogías nos enseñan verdades valiosas acerca de la naturaleza de Dios. Por medio de ser casado, podemos llegara conocer a Dios en nuevas maneras.
Oseas nos muestra una realidad asombrosa—Dios ve a Su pueblo como un esposo ve a su esposa:
“’En aquel día—afirma el Señor— ya no me llamarás: “mi señor”; si no que me dirás: “esposo mío”. Yo te haré mi esposa para siempre’” (Os.2:16, 19a). Piensa en la diferencia entre “esposo” y “señor.” Dios quiere que nos relacionemos con él con una obediencia alimentada por el amor y la
intimidad, no por temor egoísta. Un esposo tiene ternura para con su esposa que está ausente en la relación entre amo y esclavo. ¿Cómo vemos a Dios?
¿Como un amo o como esposo?
Dios planeó el matrimonio como una señal que apunta hacia él. Como humanos con mentes finitas, necesitamos el poder del simbolismo para lograr
entendimiento. Podemos usar nuestro matrimonio para explorar a Dios. Pero si estamos consumidos en señalar las fallas de nuestro cónyuge, perderemos los misterios divinos del matrimonio y las lecciones que tiene para nosotros.
El matrimonio puede ser un lugar santo, una relación que proclama el amor de Dios al mundo. Mientras sigue casada, una pareja demuestra, aunque imperfectamente, el compromiso continuo entre Cristo y su iglesia.
La pregunta clave es esta: ¿Veremos el matrimonio desde una perspectiva centrada en Dios o centrada en el hombre?
El saber por qué estamos casados y debemos permanecer casados es crucial. Con una perspectiva antropocéntrica, nos quedaremos en el matrimonio sólo si nuestras comodidades terrenales, deseos, y expectativas sean cumplidos. Desde una perspectiva centrada en Dios, preservaremos nuestros matrimonios porque traen gloria a Dios y apuntan a un Creador reconciliador.
Mas que ver el matrimonio como fuente de confort mutuo, lo debemos ver como un retrato de la relación divina entre Dios y Su pueblo. Pablo hace
esta analogía explícita en Ef. 5:25-27. De hecho, ambos el Antiguo y el Nuevo Testamento usan el matrimonio como una analogía central—la unión
entre Dios e Israel y la unión entre Cristo y la iglesia, respectivamente. Entender profundamente estas analogías es crucial, porque nos ayudan a captar el fundamento sobre el cual está basado un matrimonio Cristiano. Si creo que el propósito principal del matrimonio es el de modelar el amor de
Dios para con Su iglesia, entraré en esta relación matrimonial con una motivación completamente nueva.
¿Qué es lo que le place a Dios?
Pablo dice claramente que la fuerza motivadora detrás de todo que hace es el deseo de complacer a Dios. “Por eso, nos empeñamos en agradarle” (2Co.
5:9). Cuando algo es la fuerza motivadora en todo que hacemos, esto influye en cada decisión que hagamos. La primera pregunta que nos debemos
hacer para realizar cualquier cosa es “¿Agradará a Jesucristo?” El primer propósito en el matrimonio—más allá de la felicidad, la expresión sexual, el criar hijos, el compañerismo, el cuidado mutuo, o cualquier otra cosa—es el de agradar a Dios. El desafío, claro, es que esta perspectiva involucra el vivir sin un enfoque en el propio “yo”: en vez de preguntar ¿qué me gustaría? Debemos preguntar “¿Qué le gustaría a Dios?” En caso que no lo captemos la primera vez, Pablo lo repite en v. 15 (los que viven ya no vivan para sí, sino para el que
murió por ellos y fue resucitado.” No tengo otra opción, siendo cristiano. Le debo a Jesús el vivir para el, hacer esto mi pasión consumidora y la fuerza motivadora de mi vida.
Para hacer esto, tengo que morir a mis propios deseos diariamente. Tengo que crucificar el impulso a evaluar cada acción y decisión según lo que sea mejor para mí. Pablo lo dice elocuentemente: “siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo” (2Co. 4:10).
Esta realidad requiere que yo vea a mi esposa a través de ojos Cristianos. Parte de nuestra nueva identidad en Cristo es un nuevo ministerio, uno dado
a cada Cristiano: “Dios…nos reconcilió consigo mismo y nos dio el ministerio de la reconciliación” (2Co. 5:1 . Piénsalo, la naturaleza de la obra de
Cristo es la de reconciliación, uniéndonos con Dios otra vez. Nuestra respuesta es llegar a ser reconciliadores también. Todo lo que digo y hago en mi vida tiene que apoyar este ministerio del evangelio de reconciliación, y este compromiso empieza con demostrar la reconciliación en mis relaciones personales, especialmente en mi matrimonio. Si mi matrimonio contradice mi mensaje, habré saboteado la meta de mi vida: Agradar a Cristo y proclamar fielmente las buenas nuevas de que uno puede ser reconciliado con Dios por medio de Jesucristo. Si esta es mi fuerza motivadora, entonces trabajaré para construir un matrimonio que contribuya a este ministerio de reconciliación—un
matrimonio que encarne esta verdad, una relación que modele el perdón, el amor, y sacrificio. No podemos proclamar un mensaje si no lo vivimos
nosotros primero. Debemos proclamar el mismo mensaje con nuestras vidas y con nuestras palabras. ¿Cómo puedo decir a mis hijos que la promesa de reconciliación con Dios es segura cuando ven que mi promesa matrimonial no vale nada? Es posible que lo superaran, pero en cualquier caso yo habré sido un obstáculo para su fe y no una ayuda.
Lo que quiere decir un divorcio es que por lo menos un cónyuge, y posiblemente los dos, han cesado de poner el evangelio primero en sus vidas. Ya no viven por el principio guiador de Pablo: nos empeñamos en agradarle, porque la Biblia es muy clara en enseñar que Dios odia el divorcio (Mal.
14 2:16). Si la meta de la pareja fuera la de agradar a Dios, no se divorciarían.
Hay circunstancias que constituyen excepciones a esa regla general, pero la mayoría de los divorcios entre cristianos no incluyen tales circunstancias.
Si estoy casado para mi propia felicidad, y mi felicidad se desvanece, una sola chispa encenderá el bosque entero de mi relación. Pero si mi meta es
proclamar y modelar el ministerio de reconciliación divina, mi perseverancia será incombustible. Practicar la disciplina espiritual del matrimonio significa que yo ponga mi relación con Dios primero.
En una sociedad donde las relaciones son descartadas regularmente, los cristianos pueden llamar atención simplemente por medio de quedarse
juntos. Y cuando nos preguntan por qué, podemos ofrecer la base del mensaje de reconciliación de Dios. |
|
| Volver arriba |
|
 |
|
|
|
No puede crear mensajes No puede responder temas No puede editar sus mensajes No puede borrar sus mensajes No puede votar en encuestas
|
Powered by phpBB © 2001, 2005 phpBB Group
|