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Cristianos al día Todo cristiano en la actualidad
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Rodas Colaborador
Registrado: 11 May 2008 Mensajes: 71
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Publicado: Jue May 29, 2008 10:29 pm Título del mensaje: Matrimonio Sagrado II |
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Respeto y Dar el primer Paso
Jamás debemos ser tan ingenuos que pensemos que el matrimonio es un refugio de los efectos de la Caída…las luchas más profundas de la vida
ocurrirán en la relación más afectada por la Caída: el matrimonio.
La triste verdad es que pocos cristianos piensan que el dar respeto es un mandamiento o una disciplina espiritual. No obsesionamos por ser respetados,
pero raramente consideramos nuestra propia obligación respetar a otros.
Todos queremos ser respetados. Cuando este deseo no es satisfecho, en lugar de echar ganas para mejorar como personas, para que merezcamos
el respeto, nos dedicamos a denigrar a nuestros cónyuges para convencernos que su falta de respeto no significa nada. Espiritualmente esto llega a ser
un círculo vicioso que es muy difícil romper. Mientras más conocemos de las debilidades de nuestras parejas, más difícil es darles el respeto debido. Pero esta falta de demostrar respeto es una señal de inmadurez espiritual. Considera la actitud de Pablo cuando escribió a los Corintios. Eran una
iglesia de contenciosos (1Co. 1:11), “niños” carnales (3:1-3), arrogantes (4:1 , avaros y con pleitos contra hermanos (6:1), con un varón acostándose
con la esposa de su padre (5:1) y sin embargo los honra, escribiendo, “Siempre doy gracias a Dios por ustedes” (1:4). Conociendo sus fallas, ¿por qué
estaba agradecido por ellos? La clave se encuentra en la segunda parte de ese versículo: “Siempre doy gracias a Dios por ustedes, pues él, en Cristo Jesús,
les ha dado su gracia” (1:4).
Acuérdate de los efectos de la Caída
Fuimos creados con un entendimiento de y anhelo para lo que las relaciones pueden ser, pero no podemos alcanzar a este ideal hasta que venga el cielo nuevo y la tierra nueva. Esto me llama a extender la gentileza y tolerancia a mi esposa. Quiero que ella llegue a ser todo lo que Jesús quiere que sea. Y espero que yo sea un factor positivo en alcanzar esta meta (y viceversa). Pero jamás llegará allí en esta tierra, por eso debo amarle y aceptarle en la realidad de nuestra vida en un mundo manchado por el pecado. A veces planeábamos una noche romántica, pero cuando llegaba a la casa Lisa estaba exhausta y realmente sólo quería dormir. No quería decepcionarme, y me decía “pero si tú quieres, lo haré…” Pues yo pensaba “¡No es justo! ¡No quiero una esposa que meramente acceda sino una que tenga ganas!” Pero después de entender cómo son sus días, aprendí a no tomarlo personalmente. Entendí que simplemente se cansa a veces. ¿Qué pudiera yo esperar?
Enfatizo vez tras vez: Maridos, ustedes están casados con mujeres caídas en un mundo caído. Esposas, están casadas con hombres pecaminosos en un mundo pecaminoso. Está garantizado que tu cónyuge pecará contra ti, te decepcionará, y tendrá limitaciones físicas que te frustrarán y te entristecerán. Él puede llegar a casa con muy buenas intenciones y sin embargo perder el control y enojarse. Ella puede tener todas las ganas y nada
de energía. Este es un mundo caído. Jamás podrás encontrar un cónyuge no afectado por la Caída.
Si no puedes respetar a este cónyuge, porque es susceptible a ciertas debilidades, no podrá aceptar a El matrimonio nos fuerza a hacer el arduo trabajo de la reconciliación. Es fácil llevarse con otros si nunca te acercas a ellos. Como soltero, podía dejar que quedara algo de inmadurez en mi vida, escogiendo no lidiar con mi egoísmo y espíritu crítico. De hecho, no me gusta admitir que hay dos personas con quienes me cuesta trabajo llevarme. Decidí responder por medio de evitar profundizar una relación con ellos. Pero esta opción es eliminada en el matrimonio. Mi esposa y yo vivimos juntos cada día. Vamos a estar en desacuerdo acerca de ciertas cosas, y estoy obligado mantener la intimidad con ella. Cuando enfrentamos decepciones o inclusive cuando nos herimos maliciosamente, ¿permitiremos que a disensión—la cual Dios odia—predomine? ¿O haremos el trabajo necesario para lograr la unidad? Jesús lo deja absolutamente claro que tienes que escoger la unidad si quieres una vida de oración vital con Dios. La disensión mata la oración. Visto desde esta perspectiva, el matrimonio es diseñado a forzarnos ser expertos reconciliadores. Es la única manera de sobrevivir espiritualmente. Irónicamente, el matrimonio nos impulsa a quitar la mirada de nuestro cónyuge en unos sentidos y ponerla en Dios. Escucha a Santiago:
“¿De dónde surgen las guerras y los conflictos entre ustedes?
¿No es precisamente de las pasiones que luchan dentro de ustedes? Desean algo y no lo consiguen…Riñen y se hacen la guerra…” (Stg. 4:1-
Las disputas matrimoniales surgen precisamente de esto: “Desean algo y no lo consiguen.” Dice 38 Santiago que no lo conseguimos porque lo estamos
buscando en el lugar equivocado. En lugar de ser exigente con tu cónyuge, busca que Dios satisfaga tus necesidades reales. Así que puedes acercarte a tu cónyuge en un espíritu de siervo. ¿Has notado ese “mito” que creen los solteros? Creen algunos que lo que realmente necesitan es a encontrar “la pareja idónea,” y así todos los problemas de su vida se solucionarán—la soledad, la inseguridad, sus preocupaciones por qué hacer con la vida, etc.
El matrimonio es la mayor prueba del mundo…no obstante, ahora le doy la bienvenida a la prueba en lugar de temerla. Es mucho más que una prueba de
que tan amable eres…es una prueba de todo el carácter, y afecta cada acción.
El matrimonio es la operación por medio de la cual la vanidad de la mujer y el egoísmo del varón son extraídos sin anestesia. —Helen Rowland
Si estamos dispuestos a ver honestamente nuestras motivaciones profundas, el matrimonio puede ser como una foto. Las fotos no siempre son agradables. Me acuerdo ver una y darme cuenta de cuánto había yo subido de peso. Mi inclinación era culpar el ángulo de la cámara, ¡pero la verdad es que esos kilos extras se veían desde todo ángulo! Lo mismo sucede en el matrimonio. Resentimos la verdad revelada, y somos tentados a echar la culpa al cónyuge, pues a la cámara, por decir. Un Cristiano maduro encuentra su sentido de “realizarse” en el vivir fielmente delante de Dios, es decir en ser una persona madura más que en estar con personas maduras. Mucha de la insatisfacción en el matrimonio viene de odiarse a uno mismo. No nos gusta lo que hemos hecho o lo que hemos llegado a ser; hemos dejado que actitudes pecaminosas y egoístas envenenaran nuestros pensamientos y acarreen a conductas vergonzosas, y de repente queremos escapar. La respuesta madura, sin embargo, no es salir sino cambiar—cambiar a nosotros.
Cuando experimento insatisfacción matrimonial, evalúo mi enfoque. Estoy más contento y “realizado” en mí matrimonio cuando estoy buscando estas cosas de llegar a ser un mejor marido en lugar de exigir una “mejor” esposa. Si eres cristiano, no puedes cambiar tu esposa por otra bíblicamente. Pero puedes cambiarte a ti mismo. Y este cambio te puede dar un sentido de cumplimiento o autorrealización que equivocadamente creíste se encontraría sólo en cambiar parejas.
No sé por qué funciona esto. No sé por qué puedes estar insatisfecho en tu matrimonio, pero busca que Dios te cambie y luego descubre que estás más satisfecho con el mismo cónyuge. Pero sí, funciona.
Requiere tiempo, quizá años. Pero si el deseo de tu corazón es acercarte a Jesús, encontrarás gozo en llegar a ser como Él. Nunca encontrarás gozo en
hacer algo que ofende a Jesús—tal como iniciar adulterio o un divorcio.
63 emocional, no duraré mucho. El matrimonio es decepcionante para muchas personas por causa de la pasividad de su fe, dice Otto Piper. “A las personas no les gusta el hecho de que las bendiciones de Dios sólo se pueden encontrar y disfrutar si se buscan persistentemente (Mat. 7:7; Lc.11:9). El matrimonio, por ende, es ambos un regalo y una tarea para lograrse.
La Disciplina de la Convivencia
La disciplina espiritual de aprender a caerse hacia delante es una “disciplina de la convivencia.” Se cultiva por medio de tres prácticas espirituales: Aprender a no huir del conflicto, aprender a hacer compromisos, y aprender a aceptar el uno al otro. Nos sirven en la iglesia y en el hogar.
No huir del conflicto He visto luchas en iglesias acerca de tonterías, y he
visto parejas en el ministerio dividir a una iglesia. La disciplina de la convivencia no es fácil. Personas pecaminosas se lastiman el uno al otro y a personas egocéntricas les cuesta percibir algo desde la perspectiva de otro. ¡El problema es que todos somos pecaminosos y egocéntricos! El matrimonio provee un pequeño laboratorio donde podemos aprender a convivir.
Cuando surgen desacuerdos, una tendencia es huir. En lugar de lidiar con el pecado o algo malentendido, tomamos el camino más fácil— buscamos otra iglesia, otro empleo, otro vecindario, otro amigo, otro cónyuge. El matrimonio desafía esta tendencia a huir. Los votos hechos a Dios nos obligan a lidiar con el problema y buscar una resolución. 75 Para resolver conflictos, tenemos que involucrarnos más no menos con la otra persona. Cuando quisiéramos maldecirles, tenemos que escuchar sus quejas. Cuando nos urge ser entendidos, tenemos que esforzarnos a entenderles. Cuando queremos
hacerles saber nuestras quejas, tenemos que comprender sus heridas. Cuando queremos señalar su conducta mala, tenemos que evaluar la nuestra. El conflicto resuelto resulta en un enlace más estrecho al fin. Pasar por alto desacuerdos y actitudes pecaminosas no es convivencia sino fingimiento cortés. Aprender a negociar conflictos tendrá un efecto en nuestra relación con Dios, porque vendrá una ocasión cuando “luchemos” con Dios. Le
cuestionaremos, “¿Cómo pudiste quitarme este niño?”, o lo que sea. No podemos fingir que no nos molesta cuando Dios parece silencioso.
El Aspecto Sexual
La cama matrimonial es otra área donde nuestras habilidades de servir son probadas. La naturaleza del sexo es tal que imparte mucho poder relacional. La única vida sexual que un Cristiano puede disfrutar legítimamente es la vida
romántica que su cónyuge escoja proveer. Resulta que la manipulación y el rechazo siempre amenazan la cama matrimonial. Cualquier negación física es una negación absoluta porque no hay otra oportunidad legítima. El proverbio “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente” es especialmente verdad en el matrimonio. A veces si estoy en un estado de mal humor, al saber que mi esposa “tiene ganas” me tienta a demostrar desinterés malicioso. Es un despliegue vergonzoso de poder—“Tengo lo que quieres, ¡y no lo vas a recibir!” Es una forma de Hitlerismo dentro de la relación, usando el poder para destruir, condenar, y odiar. La belleza espiritual de la sexualidad es vista en el servicio, amorosamente satisfaciendo los deseos físicos de nuestra pareja. El significado espiritual de la sexualidad de un cristiano se encuentra en dar. Cuando tenemos poder sobre otro y usamos ese poder responsable, apropiada, y benevolentemente, crecemos en Cristo, llegamos a ser más como Dios, y mostramos que fuimos hechos para amar a Dios por medio de servir a otros.
Si el sexo llega a ser una celebración de servicio o un punto de contención depende mayormente de qué tan enfocados están el uno al otro.
La relación sexual provee una oportunidad excelente para probar la virtud de los dos en la vida real. No es una exageración decir que la verdadera naturaleza de nuestro carácter espiritual puede ser mejor demostrado cuando estamos teniendo sexo.
El sexo es un problema cuando deja de ser recíproco. Un problema con ver pornografía, etc., es que está divorciado del concepto de dar, y se trata sólo de recibir. El sexo nos da la capacidad de dar al otro en una manera única. Pero desafortunadamente el sexo es usado frecuentemente para tomar, demandar, coercer, avergonzar, y dañar. Honestamente hazte estas preguntas: ¿Es el sexo algo que estoy dando a mi cónyuge, o reteniendo?
¿Demandando, u ofreciendo? ¿Es el sexo una herramienta de manipulación, o una expresión del amor generoso? ¿Si Dios no viera nada más que mi
sexualidad, sería conocido como un Cristiano maduro o casi un pagano?
¿No es maravilloso que Dios pueda usar algo tan terrenal como el sexo o la frustración financiera para causar que maduremos espiritualmente? Aprender
a dar sexualmente en lugar de tomar, aprender a exigir menos y a la vez estar más sensible a las demandas de tu cónyuge—estas son elecciones
pequeñas que segarán grandes réditos en tu vida espiritual porque te están enseñando a enfocarte menos en ti mismo. Estás imitando a Jesucristo y
tomando la naturaleza de un siervo, el cual es tu llamamiento como cristiano.
Es estupendo cuando marido y esposa disfrutan ricas, excitantes relaciones sexuales, que los llenan. Y no es malo tener esto como una de tus metas.
Pero por encima de esta meta debe ser el deseo de ser un mejor cristiano.
Usa la cama matrimonial para aprender a servir el uno al otro y a negarse, y los beneficios espirituales serán muchos. Esta misma motivación puede caracterizar todos los aspectos de la vida matrimonial.
Dependencia de Dios
Los quehaceres de la casa, la conversación, el tiempo, el dinero—entra en estas áreas con un deseo de crecer en la gracia de dar. Ora que Dios las use para desarraigar tu egoísmo y enseñarte a ser manso, bondadoso, perdonador, y alguien que extiende gracia. La sinceridad no es suficiente. Se necesita sustancia. “Espiritualidad” ha llegado a ser una palabra muy popular en nuestra cultura, pero el valor más alto dentro de la búsqueda de ella es “sinceridad.” No importa que crees, sólo que lo creas sinceramente. Pero esta no es verdad bíblica. La sinceridad sola no es suficiente. Los creyentes que han avanzado en la vida Cristiana han desarrollado una habilidad de mantenerse conscientes de que Dios siempre está con ellos, siempre viendo, siempre cuidando, siempre escuchando.
Al principio, practicar la presencia es mayormente una disciplina; sobre el transcurso del tiempo llega a sentirse más natural.
Siendo santos casados, ¿cómo podemos usa el apuro de las actividades diarias y el aparente caos de la vida familiar como un recordatorio de la
presencia de Dios? Podemos usar el matrimonio para acercarnos a Dios. Tenemos un retrato en el Antiguo Testamento que sugiere esto.
En medio de los querubines
“Yo me reuniré allí contigo en medio de los dos querubines que están sobre el arca del pacto” (Ex. 25:22). La presencia de Dios nos llega donde dos seres están unidos. Dios “mora” en medio de esta unión. Es un retrato hermoso. Hay una tradición de buscar a Dios en la soledad, pero también hay apoyo
bíblico para buscar a Dios en relaciones y en la comunidad. Jesús dijo “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mat.
18:20). La familia que disfrutará la presencia de Jesús como una parte regular de su unión es la familia que se junta específicamente porque los esposos quieren invitar a Jesús a las partes más profundas de sus vidas. Aun si no entraste en el matrimonio para esta razón, puedes hacer la decisión de mantenerlo sobre esta base. El matrimonio invoca la presencia de Dios por medio de empujarnos a comunicarse, recordarnos que nuestro anhelo más profundo trasciende lo terrenal, ayudarnos a ver la imagen de Dios, y permitirnos participar en la creación.
Ver más allá del matrimonio
La importancia del servicio—más allá del matrimonio—es necesario porque el matrimonio mismo no es eterno. Cuando Dios nos provee una pareja, no hay garantía de que estará con nosotros el resto de la vida.
Otto Piper sugiere, “La pérdida de un cónyuge no es simplemente un evento triste sino…es una intervención divina por la cual un matrimonio se termina para que la pareja que sobrevive pueda dedicarse completamente al servicio de Dios en la Iglesia.”
Viendo el matrimonio dentro del contexto del plan redentor de Dios, permanecemos casados, en cuanto depende de nosotros, como medio para expresar el compromiso de Dios a su pueblo; cuando el matrimonio termina por el designio de Dios—por la muerte-- nuestro propósito último no ha cambiado. Ahora estamos “libres” para quizá más activamente servir a Dios en llevar el conocimiento de Su redención a otros.
Cuando el matrimonio llega a ser nuestra finalidad principal, nuestro deleite en la relación será manchado por el temor, la posesividad, y el egoísmo.
Dejamos que el matrimonio apunte a algo más allá de sí mismo cuando aceptamos dos misiones centrales: llegar a ser las personas que Dios creó
para que fuéramos, y hacer la obra que Dios nos ha dado para que hiciéramos. Si abrazamos—no tan solamente aceptamos pasivamente sino abrazamos—estas dos misiones, tendremos una vida llena, una vida rica, una vida con significado, una vida exitosa. También probablemente tendremos
un matrimonio feliz, pero eso proviene como un producto colateral de haber puesto todo lo demás en orden. |
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